Discúlpeme, señora Centolla
Discúlpeme Sra Centolla, pero voy a comerla. Y, como se imagina, para ello tendré que hacer otra cosa antes o durante al menos. Sé que no tengo que darle explicaciones, que no está acostumbrada a ellas y que sabe lo que le va a ocurrir, pero me cohibe tenerla enfrente, verla hacer burburbujitas, y siento la necesidad de justificarme.
Seguro me cree una hipócrita. Le doy estas explicaciones cuando frente a un bife no se me mueve una pestaña. Pero entiéndame, Sra Centolla, cuando uno ve un corte vacuno, inclusive antes de cocinarlo, no piensa inmediatamente en una vaquita, no tiene forma de animal entero al menos. No es el caso del cordero en cruz o el lechón. Esos si me dan impresión y si estuviese sola frente a ellos en el momento de comerlos también les daría explicaciones. Pero como sabrá, no me encuentro en solitario en esas situaciones. Digamos que no es precisamente el caso de llegar a mi casa, sacarme el abrigo, revisar mails, tomar mate, pensar en la cena y opa, que tengo ganas de comer, un chanchito o un corderito. Abrir el freezer y encontrar los cadáveres de estos infantes animales. No, eso no ocurre. Quizá saque una pechuga congelada, o un pedazo de carne, lo corte en pedazos y prepare empanadas, o lo ponga en una asadera al horno con papas y cebollas, que es tan rico y tan fácil de preparar. Pero como ya le dije, estos cortes no guardan semejanza con el todo y no los veo como animales; no necesito justificarme. A veces en un asado al comer un chinchulín siento que la necesidad de justificación se acerca, pero como son chuiquitos y se comen rápido (salvo que esten chiclosos en cuyo caso no los como) desaparecen antes de que la explicación tome cuerpo y para entonces ya estoy con el vacío o la entraña, la criolla y la ensalada de papa, elementos todos cuyo zoomorfismo no es evidente repito.
Creo que todo comenzó la semana pasada cuando en la pileta de la cocina del barco encontré una merluza que nos regaló un pescador amigo. La miré largo rato y finalmente tuve que tranformarla en comida. Cada minuto que la tuve enfrente creí que despertaría y me acusaría de algún delito contra la vida. Matarla no la maté. Cuando la conocí era un pescado y no un pez. Pero tuve que abrirla al medio, y eso sí se sintió delictivo. Pero ella no me miraba ni me hacía burbujitas como usted Sra Centolla. A usted la tengo que enfrentar, le tengo que informar su destino. Hoy me toca ser su verdugo y si pudiera contestarme le preguntaría como prefiere morir. Alguna vez escuché que el segunto antes de morir se prolonga por toda la eternidad. Como un reloj que se rompe y queda marcando la hora de la catástrofe por siempre. Y pienso entonces si prefiere darse un baño eterno o arder por siempre. Rápido y doloroso o lento y agonizante. Es una cuestión de prioridades, lo entiendo. Uno debe elegir y hacerse responsable de su elección. ¿Debo fumar 2 puchos al dia por 10 dias o 10 al dia por solo dos dias?¿Esperar a que mañana haya mejor clima y navegar día y noche, o navegar con mal clima dos dias pero solo con el día? ¿Comer fideos con salsa de tomate como hace 4 dias o pesca fresca del dia?














